Una fueguina pedaleando por el mundo


*Por María Lacaze | Hola, soy María de Ushuaia, Argentina. Hace algunos años decidí dejar mi ciudad natal para empezar a vivir mi vida de una manera diferente a como la estaba viviendo, y quiero compartir esta experiencia con ustedes.

En una de las tantas tardes que pude disfrutar de un hermoso atardecer en la playa se me ocurrió la posibilidad de viajar en bicicleta. La ecuación era simple; no tenía mucho dinero para pagar transportes, viajando a dedo se me hacía difícil manejar mis tiempos y me moría de ganas de seguir viajando por tiempo indeterminado. Solución; comprarme una bicicleta. El medio de transporte más económico y ecológico, además sólo tu voluntad lo hace rodar.
Empecé a investigar, a leer cuanto blog se me cruzaba, libros, historias de cicloviajeros y cicloviajeras… Así tomé consciencia de la cantidad de mujeres solas que van felices por la vida pedaleando sin ningún problema, no necesité más para convencerme.
Con el poco dinero que tenía me compré una bicicleta en un supermercado, la armé con ayuda de un amigo, porque no sabía cómo hacerlo, le instalé un canasto de verduras atrás para llevar mi mochila, sujeté la carpa al canasto y listo. Ya estaba pronta para salir a la ruta.
Recuerdo la expresión de uno de mis hermanos que al contarle mi plan, entre risas, me dijo: “pero Mari, ¿vos sabes andar en bici?”. No andaba muy desacertado en su apreciación porque efectivamente hacía más de diez años que no andaba en bicicleta.
Instantáneamente comenzaron los miedos y las dudas; ¿Qué pasaría si pinchaba la rueda? ¿De qué lado se colocan los parches? ¿Cómo se saca la rueda? ¿La cámara se emparcha inflada o desinflada?. Todo lo averiguaría cuando fuera necesario, pensé. Honestamente hay cosas que todavía no sé, y en mi primer pinchazo demoré una hora emparchando la rueda bajo un sol abrasador. Eso sí, me reí y mucho.
En ese entonces estaba en Brasil, había planificado una ruta de 2.000 kilómetros que culminaba en la desembocadura del río Amazonas. Quería probar si me gustaba, si lo lograba, o si simplemente me hacía feliz éste modo de viajar tan insólito para mí y mi familia. ¿Saben qué? Lo amé.
Al día de hoy, no puedo ni quiero dejar de pedalear. En ese primer viaje terminé sumando 7.936 kilómetros pedaleados por Brasil, Perú y Guyana. Recuerdo lo que fue pedalear por la selva en Guyana y merece una historia aparte, la verdad…
En estos momentos me encuentro en Tailandia habiendo cumplido el sueño de pedalear por el Sudeste Asiático, llevo más de 9.000 kilómetros y estoy pensando cuál será el próximo destino.
Cuando estoy pedaleando siento que la vida es simple y la gente con la que tuve la fortuna de cruzarme me lo ha ido demostrando cada día. Siempre fui bien recibida y cuidada por la gente, por los niños. Es hermoso cuando uno cruza un poblado donde jamás han visto un turista y salen todos corriendo atrás de uno sólo para saludar, y si hay subidas a empujar la bicicleta para ayudar, cómo me ha pasado en Laos, país de las subidas interminables. Es inevitable sentirse un héroe, suena engreído lo sé, pero así se siente y estas cositas dan más ganas de seguir pedaleando.
Viajar en bicicleta requiere tiempo, todo es más lento, se viaja expuesto y receptivo a todo; personas, clima, olores, cambios de planes y muchas cosas más. Cada día es un nuevo desafío, el cicloturismo es un modo de viajar en el que uno nunca sabe dónde va a dormir, cuándo ni dónde va a comer, qué va a comer y si se llegará a destino ese día o en los siguientes. Las sorpresas y las buenas experiencias están ahí afuera, en la ruta, hay que moverse, sacudirse los miedos y salir a buscarlas.
Pedaleando sólo importa la fuerza de tu voluntad, tus ganas y tu convicción, ¿Cómo explicarte lo que se siente al llegar a destino después de haberlo dejado todo en cada pedaleada? ¿Cómo se siente llegar a la cima de una montaña después de haber pedaleado 13 kilómetros con más de 1.000 metros de desnivel en 10 horas? ¿Cómo se siente ver el mar después de pasar meses perdido en la montaña? ¿Cómo se siente lograr eso y mucho más sólo con el empuje de tus ganas? Podría decirte que se siente un triunfo enorme, que se siente como meter un gol en los últimos segundos, pero no me alcanzaría la explicación. No existen palabras para describirlo, por eso te propongo que si tenés la mínima inquietud lo intentes, porque así es como uno se entera de lo que le gusta y puede descubrir nuevas pasiones.
Mi vida cambió para siempre, vivo como quiero, siempre agradecida, pedaleando por acá, pedaleando por allá y pensando siempre en nuevos lugares a los que deseo ir.
Cada vez hay más personas que eligen la bicicleta para viajar y a medida que tengo la suerte de cruzarme con algunos en la ruta la motivación aumenta. Siempre intercambiamos anécdotas, lugares, experiencias, recomendaciones y buenas vibras. Un día me cruce una familia, sí, una familia de cinco integrantes, los niños eran tres y tenían entre 7 y 12 años. Aluciné, recuerdo pedalear ese día soñando con mi propia familia viajando así, recorriendo el mundo de esta manera, sin prisas, aprendiendo, disfrutando y conectando realmente con las personas de cada lugar, quienes realmente son la cultura y la identidad de los pueblos.
Te invito a seguir mi sueño, podrás seguir mis pasos (o pedaleadas mejor dicho) en Instagram, soy @marulacaze. De más está decir que te invito también a sumarte a este mundo de locos del cicloturismo, no dudes en intentarlo si tenés la inquietud, recordá que para andar en bicicleta no se necesita ser un atleta empedernido, ni tener la mejor bicicleta del mundo, sólo necesitas voluntad y convicción, lo demás te lo da la ruta.

¡¡¡Buenas rutas para todos los viajeros!!!!

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